El título paradójico de este poema es clave para entender su diseño y estrategias. La presencia y la ausencia del sujeto desde un lugar se hace posible a través del paso del tiempo, mientras los oradores buscan e imaginan su paradero. Las líneas generadas están estructuradas para formar un diálogo: una llamada y respuesta que se construye y retrocede en longitud e intensidad, como las mareas en las aguas representadas en el mapa. Una tercera o cuarta voz (tal vez de la que falta) se desplaza desde el fondo y se vuelve legible cuando alcanza el suficiente contraste en la imagen. La programación de textos en este poema aumenta la incertidumbre de intentar localizar un objetivo en movimiento al mantener a los lectores constantemente reevaluando lo que están leyendo.
El magnífico mapa proporciona un sentido de lugar al tiempo que invita a los lectores a explorar sus superficies.